Publicado en: Democracia Abierta, la sección latina de openDemocracy (versión en inglés y portugués) (20.06.2016)

Coincidiendo con la IX Cumbre de Comunicación Política celebrada en Buenos Aires del 8 al 10 de junio en la que figuraba como orador invitado, DemocraciaAbierta ha entrevistado a Antoni Gutiérrez-Rubí, uno de los consultores políticos de referencia en España, impulsor de apps4citizens, marco de encuentro entre distintos agentes (organizaciones, empresas, administraciones y ciudadanía) con el objetivo de identificar, promover y desarrollar aplicaciones móviles para el compromiso social y la participación ciudadana y, junto a Google, de Go App 2016. Su último libro publicado lleva por título Tecnopolítica.

Antoni Gutiérrez-Rubí define la tecnopolítica como “acción política, comunicación política y, parcialmente, gestión política a través de la tecnología”. Se refiere a la tecnología de proximidad, la de los dispositivos personales: móviles, computadoras, tabletas. Una tecnología extraordinariamente potente, flexible, amigable y versátil. Con cada vez menos barreras de entrada y cada vez más potencial. El poder tecnológico de estos dispositivos es lo que permite la acción, la comunicación y la gestión política. Pero la tecnopolítica son más cosas:

Antoni Gutiérrez-Rubí: Es también un conjunto de prácticas asociadas a una forma de entender la comunicación política, las prácticas políticas. La tecnopolítica supone poner en el centro de la acción política al individuo y sus comunidades, algo bastante distinto de la idea de acción política que representa un conflicto de clases. Una comunidad no es una clase: la tecnopolítica ha descubierto nuevos territorios y geografías de lo social, porque al comunicar con personas y sus intereses, ha evidenciado que esos intereses son más relevantes para la acción política que las condiciones económicas, educativas, o socio-laborales. El desplazamiento de la condición al interés es un cambio esencial en la concepción política. La tecnopolítica se basa fundamentalmente en los intereses de la gente, no tanto en sus condiciones – al contrario de la comunicación política analógica. Pone a la persona, a su comunidad y a sus intereses en el centro de la acción política.

Oleguer Sarsanedas: ¿Es la tecnopolítica la llamada “nueva política”?

AG: Como que toda etiqueta es una simplificación, que puede resultar útil aunque también confusa, prefiero hablar de nuevas prácticas políticas. Nos encontramos en una fase de construcción cultural de prácticas políticas, de una forma de hacer política que ha tenido ya algunos éxitos, en procesos electorales y de participación.

OS: ¿Y cambiar la forma de hacer política cambia la política?

AG: Este es el punto central. Cuando la comunicación deja de ser secuencial (unos piensan, otros analizan, otros comunican) nos encontramos en un nuevo ecosistema – un ecosistema digital que cambia las reglas del juego. Se trata de una comunicación muy rápida e indiferenciada, donde no hay separación competencial de roles, como en las redes sociales (en las que uno piensa, dice y hace al mismo tiempo). Hoy existe una nueva forma de comunicar y hacer política, de hacerla y comunicarla – ambas cosas son inseparables. Esta capacidad de transformación de las formas y el fondo es enorme. Si la política es la construcción de mayorías, la representación de intereses, la articulación del bien común compatibilizándolo con los intereses particulares, es preciso construir mayorías legitimadas y, para ello, la comunicación es esencial. Se convierte, de hecho, en el terreno natural para la construcción de mayorías. Es por ello que en las nuevas prácticas comunicativas, en las nuevas prácticas de acción política, el gran cambio se produce en la comunicación, en la manera de hacer, la manera de comunicar.

OS: Pero puede existir la tentación, por parte de los partidos tradicionales, de mimetizar las formas sin cambiar el fondo. Una de las características básicas de la tecnopolítica, en cambio, es que los ciudadanos pasan a ser activistas…

AG: Efectivamente. Y los activistas no sólo son supporters, no juegan un papel secundario, de seguidores o repetidores. En España, por ejemplo, la campaña de Manuela Carmena en Madrid, en las elecciones municipales de mayo de 2015, tuvo tres características. Una, se vio desbordada por los activistas. Dos, los activistas no pidieron permiso para hacerlo, sino que actuaron por su cuenta, al margen de la dirección de la campaña. Tres, demostraron que siempre hay mucho más talento fuera que dentro. En el mundo activista, no hay que esperar ni pedir permiso: nos apropiamos de Carmena, es nuestra, no sólo del partido o de la coalición. La tecnopolítica nos ha liberado de pedir permiso y, por consiguiente, genera unas dinámicas de emancipación, de creación e innovación muy interesantes relativas a nuestra vinculación a lo político, que son más activas, más protagonistas y más fuertes emocionalmente. ¿Por qué los activistas que se apropian de las campañas, son tan potentes y están tan motivados? Porque no es lo mismo cumplir una orden, una instrucción, o sugerencia que crear un movimiento, una dinámica, una acción. Volviendo a tu pregunta, los partidos políticos tradicionales pueden creer, efectivamente, que sólo se trata de llevar a cabo un aggiornamento, que lo que hay que hacer es “modernizarse” instalando una app y darle a las redes sociales. En el fondo, en lo que están pensando es en una puesta al día técnica.

OS: Bueno, técnica y también estratégica. Porque quien controla el diálogo en las redes sociales controla la opinión, ¿no?

AG: Sí, pero ellos, en el fondo, no creen que se produzcan nuevas formas de organizarse ni nuevas maneras de crear contenidos o ideas. Consideran que el formato organizativo no puede estar sometido a un entorno digital. En realidad, demuestran su desconocimiento de la tecnología al servicio de los procesos de creación e innovación. Las empresas sí saben cómo funciona esto. Hay más conocimiento tecnopolítico en el mundo empresarial que en el de los partidos políticos. Han comprendido más y mejor cómo esta tecnología está cambiando las organizaciones, cuál es su protagonismo y su vinculación con marcas y servicios. Y han comprendido que esta nueva vinculación es muy importante. La demoscopia tradicional mide opiniones, pero hay una nueva demoscopia que mide búsquedas, intereses, consumos – un mundo mucho más rico en términos de análisis de tendencias, de medición de las cosas, más completo, complejo y diverso. Se trata de una visión de la realidad mucho más rica e interesante.

OS: ¿Es un partido como Podemos un laboratorio tecnopolítico?

AG: Evidentemente tiene muchos aspectos de laboratorio, de ensayo, de innovación. Está aprovechando bien las herramientas, está aprendiendo y a la vez usando buenas prácticas.

OS: ¿Y los partidos tradicionales aprenden?

AG: Es lo que más les cuesta. No están diseñados para aprender, sino para la colonización, para ocupar el espacio. Los partidos tradicionales creen que la manera de resolver los problemas es ocupando las instituciones. No creen que el comportamiento de los ciudadanos, los consumidores, los usuarios sea más importante que, por ejemplo, la regulación de los mercados. Tienden a sobredimensionar el potencial de la regulación.

OS: ¿Se podría hablar de choque de visiones políticas?

AG: Son visiones muy diferentes, sí. Hay un contraste muy fuerte de maneras de entender el poder, de cómo conseguirlo y cómo utilizarlo. Pero, como dice Moisés Naím, los poderes tradicionales basados en tamaño y posición pierden frente a los nuevos poderes basados en relación y contenido. Es la primera vez en la historia de la humanidad que agrupamos a la gente y la jerarquizamos por patrones no físicos – a través de buscadores como Google, por ejemplo. Esta nueva ordenación basada en relaciones y contenidos constituye el nuevo patrón de construcción del poder que está compitiendo con el viejo. Hoy, un pequeño rápido le puede ganar a un grande lento, un pequeño conectado le puede ganar a un grande aislado. Estamos asistiendo a la emergencia del poder relacional, de la transversalidad, de la participación. Se está construyendo un ecosistema que tiene prácticas culturales y de comportamiento muy distintas del viejo. Quien entienda bien esto, tiene posibilidades de negocio si es una empresa, de audiencia si es un medio de comunicación, y de legitimación si es una organización política.

OS: En estos momentos estamos viviendo una polarización en toda América Latina con el fin del llamado ciclo progresista. Pero, al mismo tiempo, está emergiendo una nueva ola de sensibilidad política. ¿Cómo ves la situación, tú que conoces bien el subcontinente?

AG: Hay un desplazamiento del eje izquierda-derecha tradicional hacia el eje renovador-conservador, que no es lo mismo. Y el eje viejo-nuevo se desplaza también hacia el eje abajo-arriba/arriba-abajo. Son desplazamientos importantes, que cambian la visión de las cosas. Lo que está sucediendo en América Latina es que las fuerzas políticas que se llamaban de izquierda pero que no han entendido el nuevo ecosistema están sufriendo de la misma manera que las tradicionales fuerzas de derecha, que tampoco lo han entendido.

OS: ¿Por ejemplo, en Brasil?

AG: Si, sería un ejemplo. Cuando se dio un problema de transporte, el partido en el Gobierno creyó que había que hablar con los sindicatos. Pero las nuevas políticas que surgieron de dichas protestas ampliaron la mirada, ampliaron las soluciones. Ampliaron la manera de ver los problemas, pasando de las dos dimensiones de la política tradicional, de una lógica incremental, a las tres dimensiones – a la tecnopolítica. La tecnopolítica introduce volumen, atmosfera, profundidad, territorios, que no tienen nada que ver con las geografías establecidas. En el caso de Brasil, hay quien cree que se pueden resolver las protestas a través de los sindicatos y del Estado, y quien cree que los usuarios, en colaboración con individuos con talentos diversos, son capaces de resolver problemas complejos.

OS: Otra dimensión de la tecnopolítica es su capacidad de crear nuevas perspectivas transnacionales, conexiones globales entre, por ejemplo, el Sur global y el precariado y otros sujetos políticos del Norte. ¿Se está creando una geopolítica de lo común?

AG: El siglo XX fue el siglo de los Estados nación y de los partidos nacionales, de los partidos identitarios (el Partido Socialista, el Partido Comunista). Hoy, el ecosistema digital te permite vivir con varias identidades y explorar tu identidad múltiple. Somos varias cosas a la vez y este es un cambio brutal, el gran cambio. ¿Qué límites tiene? ¿Qué fronteras? ¿Qué mapas? ¿Qué rutas? ¿Qué intersecciones, qué capitales, qué flujos? Cambiar la geografía por el territorio es una trasformación radical y profunda. Lo interesante de este momento es que la nueva política no depende de la realidad de un lugar concreto, sino que puede formar parte de otras realidades. Y no se trata de un proceso tradicional de aprendizaje, de importación/exportación, sino de un proceso de creación múltiple, trasnacional, transversal, transfronterizo. Por eso la nueva política puede enfrentarse o puede imaginarse con capacidad para salvar los obstáculos de la geografía política. Es evidente que los instrumentos de acción política desde los Estados nación se han revelado insuficientes para los retos a los que nos enfrentamos, como el cambio climático o la inmigración. Ha sido un error histórico y político de alta magnitud pensar que sí podían hacerlo. La nueva política, al contemplar como sujetos a los ciudadanos y su comportamiento, está mejor orientada para afrontar los retos globales y dispone de mejores herramientas para hacerles frente. La nueva política se da cuenta de que el comportamiento de la gente es la mejor manera de lograr una regulación democrática. El gran terreno por conquistar por parte de la nueva política es cómo convertir el poder ciudadano en poder usuario y poder consumidor, porque dicho poder es el que cambia las ecuaciones. Creo que hay una oportunidad política para la armonía global y las oportunidades locales. Cuando la gente decide ser el cambio que quiere que se dé en el mundo, como aconsejaba Gandhi, esto es sumamente importante. Mediante aplicaciones, dispongo de herramientas que me permiten ser consciente de mi realidad, de mis actos y de sus consecuencias, que me permite tomar decisiones, haciendo aflorar mi responsabilidad. Este cambio de comportamiento, y la tecnología que permite medirlo, nos ofrecen soluciones cotidianas y permiten convertir la política en algo también cotidiano. Mi manera de vivir se convierte en la herramienta central, que al mismo tiempo me permite asumir mis responsabilidades y crear comunidades. La tecnopolítica, ya lo hemos dicho, articula políticas en función de los intereses de la gente.

OS: Eres promotor de apps4citizens. ¿De qué se trata y qué objetivos tiene?

AG: Fue una intuición que tuvimos hace un par de años basada en tres principios: ¿hay dispositivos, tecnologías, aplicaciones específicamente orientados a la acción política y social? Las hay, las hemos encontrado. Por eso lo primero que es apps4citizens es una biblioteca de iniciativas y recursos tecnológicos para la acción social y para el cambio político. En segundo lugar, ¿tienen estas herramientas capacidad trasformadora? ¿Nos pueden ayudar a la protesta y a la vez a resolver los problemas? También. Hemos encontrado muchas soluciones, tecnologías, aplicaciones, prácticas, experiencias que permiten este tránsito, con capacidad para agregar conocimiento e inteligencia compartida. Tercero, ¿hay suficiente materia prima en el contexto de América Latina y en España? Los resultados han sido satisfactorios: hemos encontrado muchísimas comunidades de trabajadores cívicos, muchísimo talento cívico y tecnológico y muchísimas prácticas innovadoras que resuelven problemas que permiten a la gente sentirse protagonistas de su destino.

OS: Dame algún ejemplo.

AG: Las aplicaciones para denunciar la discriminación de cualquier tipo – de género, por ejemplo. La cantidad de aplicaciones que hay para ayudar a las mujeres a enfrentarse a la violencia machista es extraordinaria. La cantidad de aplicaciones que hay para alertar y cooperar en dichos casos es enorme. Sólo para esta cuestión existen unas 30 aplicaciones de alta gama, muy operativas, muy intuitivas, muy resolutivas y muy innovadoras. La solución de problemas sociales implica tanta innovación como la solución de un problema industrial o tecnológico. Es posible crear innovación de alta gama, escalable y que puede resolver problemas a distintos niveles. Un buen ejemplo de ello es la iniciativa Go App, un proyecto que impulsamos de la mano de Google España, para promover la creación de tecnología en torno a un reto social concreto. El desarrollo se vehicula a través de la participación de agentes sociales del reto establecido, personas o colectivos interesados en proponer una iniciativa y en permanente diálogo con los actores políticos y técnicos de la administración pública que apoya el proceso. En el caso de Madrid, con más de treinta equipos participantes, ya hemos completado el recorrido y los resultados sobre el área de trabajo – medioambiente y movilidad – han sido relevantes. Ahora seguimos con Sevilla, con la voluntad de promover la ocupación a partir de las oportunidades que ofrece la economía circular. Próximamente sumaremos a más ciudades españolas… toda una experiencia de aprendizaje.

OS: ¿Para qué sirven estas apps? ¿Para qué las utilizará el Ayuntamiento de Madrid?

AG: Por ejemplo, para solucionar problemas de trans-movilidad, para los cuales no hay buenas aplicaciones.  Hay gente que quiere combatir el cambio climático, la contaminación en su ciudad, y quiere soluciones para que su comportamiento de movilidad contribuya positivamente a resolver esto. ¿Para qué me sirve saber mi huella de carbono? Para muchas cosas. Saberlo no es sólo un derecho, sino un estímulo para un determinado comportamiento. Esto es lo importante: su vinculación con el cambio social y su influencia sobre el comportamiento, que es la punta de lanza del cambio social.

OS: ¿Qué proyectos estáis desarrollando en América Latina?

AG: En América Latina trabajamos como consultores en México, Panamá, República Dominicana, Argentina, Ecuador y Chile en comunicación pública y política y también desarrollamos iniciativas tecnopolíticas, en cuestiones como la participación social y ciudadana. Existe una nueva fraternidad muy envolvente, que no es cultural y que no tiene que ver con la geopolítica, sino con las personas, con afinidades. Esta nueva fraternidad es una poderosa semilla de cambio, porque nos hace más conscientes de que no hay futuro individual si no hay futuro colectivo – la idea de que no hay espacio que puedas proteger si a tu alrededor el aire está contaminado. Esta nueva fraternidad es una grandiosa oportunidad. Reduce las distancias entre las personas, sus horarios, sus intereses, y esto está produciendo cambios que es de esperar que tengan consecuencias a nivel social.

OS: En España hay unas nuevas elecciones en ciernes: el 26 de junio. ¿Qué papel jugará la tecnopolítica en la campaña y en los resultados?

AG: Hay muchos indecisos, aproximadamente un 30%, que decidirán su voto 24/48 horas antes del día de las elecciones. Estos votantes han aplazado el momento de su decisión y la tecnopolítica juega aquí un papel muy importante, porque su decisión de última hora estará muy influenciada por los últimos mensajes recibidos, por el boca/oreja digital. Por otra parte, en esta campaña en particular, la movilización se convierte en un elemento central. La sociedad española mayoritariamente no quería unas nuevas elecciones, y esto implica convencer a los electores para que vayan a votar en contra de su deseo. El que sepa movilizarles mejor y pasar de las redes a las urnas, el que sepa hacer este itinerario, tendrá ventaja. Por último, considerando que el entorno vital de estos electores es un entorno multipantalla y que se pasan casi 4 horas al día delante de un televisor, el que tenga un mejor diseño de comunicación multipantalla para esta audiencia, gana. El que sepa conciliar lo que sale en televisión con la búsqueda y el contenido asociado, gana. Cómo conseguir, a través de las multipantallas, romper una atención escasa y convertir en vinculante una oferta de contenido es el tema clave en estas elecciones.