La dificultad para conseguir una vivienda es una problemática real. Algunos municipios, como Barcelona, han situado el tema como prioridad de su agenda política. De todas formas, la aproximación al reto no es sencilla ya que hay una multitud de factores que inciden en agravar el contexto actual. El alto coste de los alquileres y un número importante de pisos y casas vacíos, resultado de una visión dominante del mercado alejada de la vivienda como un derecho, criban el acceso a una parte importante de la ciudadanía, especialmente de aquellos colectivos con más riesgo de exclusión social.

En Cataluña, a pesar del esfuerzo y compromiso de la Administración pública, sólo se dispone de un 2 % de parque público de vivienda, lejos del 18 % de la media europea. En realidad, según la Taula del Tercer Sector, en Cataluña se necesitan 230.000 viviendas de alquiler, de las cuales 100.000 deberían atender a los colectivos más vulnerables y con necesidades especiales. Detrás de esta realidad, hay un conjunto de entidades que, además de gestionar y ampliar la oferta, deben atender a las consecuencias sociales y emocionales que genera esta dificultad para acceder a la vivienda (en este contexto se situaría la campaña del Ayuntamiento de Barcelona «L’habitatge és un dret com una casa»).

En este marco, complejo, nos preguntamos por el papel de la tecnología. Por un lado, como instrumento para facilitar la tarea de los agentes sociales que trabajan en torno a este reto y, por otro lado, como canal para amplificar la tarea que se está realizando, su importancia y, con ello, mantener la atención social, política y mediática.

Alertar de viviendas vacías

Como destacábamos, uno de los grandes retos a los que se enfrenta la vivienda inclusiva es la desocupación. Casastristes, un proyecto pionero en España, nació para concienciar del problema de acceso a la vivienda a partir de la participación de la propia ciudadanía que, a través de la geocalización, puede alertar de viviendas vacías de la cuales tiene constancia. La tecnología, como instrumento, tiene un doble componente en este caso: activismo y empoderamiento.

Fomentar el apoyo vecinal comunitario

Una dificultad habitual de los colectivos en riesgo de exclusión social es la adaptación a un nuevo lugar. Nextdoor está pensada como una red social privada para el vecindario. A través de la aplicación móvil, los vecinos pueden estar al tanto de lo que sucede en el barrio, de los recursos comunitarios disponibles, obtener recomendaciones, comprar y vender objetos, apoyarse entre vecinos y vecinas…

Coordinar la acción cívica

Otro elemento que caracteriza a las entidades que trabajan en torno a la vivienda inclusiva es la coordinación entre los agentes sociales que trabajan en el ámbito y con la comunidad de residentes. Neighborland, en este sentido, permite a los trabajadores y trabajadoras cívicas colaborar con los residentes de una forma accesible, participativa y agradable. Facilita la recogida de información en diferentes soportes (offline y online), la discusión de necesidades y, posteriormente, su puesta en marcha.

Promover la vivienda comunitaria

La instauración de viviendas comunitarias de personas mayores como una opción real, sencilla y viable es la principal línea de actuación de Jubilares. A través de su blog ofrecen información, consejo y apoyo a personas, grupos o instituciones interesados en promover iniciativas de este tipo. En este caso, la tecnología se articula como una herramienta para difundir modelos de vivienda que pueden ser una alternativa viable a modelos tradicionales. De hecho, esta opción, conocida como cohousing, tiene ya un largo recorrido en otros países. Kollektivhus, creada en 1981 en Suecia, es un buen ejemplo de ello.

Incentivar los donativos

Las alternativas a la financiación tradicional han tenido en la microfinanciación una fórmula para conseguir recursos económicos a través de las donaciones de personas u organizaciones sensibilizadas con una determinada problemática. La acción a través de las redes sociales ha permitido en repetidas ocasiones sensibilizar y, a la vez, conseguir recursos económicos. La Fundación Arrels, centrada en apoyar a las personas sin hogar, ha utilizado, especialmente, Internet como un instrumento para viralizar la campaña ‘1 milió de gràcies’.

Este pasado martes, a raíz del Día Mundial de la Vivienda, se iniciaron un conjunto de actividades para debatir sobre el tema. En esta ocasión, el eje central del debate es la vivienda en el centro de la ciudad. Estamos seguros de que el debate debe atender a la vivienda inclusiva. Especialmente, los corazones de muchas ciudades padecen una deslocalización de vecinos y vecinas, afectados por la especulación inmobiliaria y el alto nivel de los alquileres. Esta situación afecta especialmente a los colectivos con más dificultad para acceder a una vivienda digna.

En esta realidad, compleja, la tecnología puede ser un canal facilitador para informar, coordinar, apoyar, concienciar, conseguir recursos…, pero también una herramienta para empoderar a personas sensibles con el reto para idear mejores instrumentos y acciones. Con este ánimo, m4social, proyecto impulsado por la Taula d’Entitats del Tercer Sector de Catalunya, está lanzando una iniciativa para animar a colectivos y personas individuales a trabajar en la construcción de nuevas iniciativas cívicas, que impulsen acciones en torno a la vivienda inclusiva, con el objetivo de poder implantarlas con el apoyo de inversores.

Seguro que muchas de estas iniciativas que surjan formarán parte de la categoría de Empoderamiento para la inclusión de la ‘appteca’ de apps4citizens, una plataforma que tiene por objetivo promover el uso de las aplicaciones como un instrumento útil para mejorar la calidad democrática de la toma de decisiones a través del compromiso social y político colectivo.