Cada vez me encuentro con más gente que se opone a la noción de ciudad inteligente, o que trabaja para ella desdeñando el término porque les resulta inaceptable.

Algunos ejemplos: en Nueva York, Daniel Latorre encuentra que “la retórica sobre las smart cities a menudo se sustentaen una filosofía neoliberal y tecnocrática”. Para diferenciarla, su empresa de “producción cívica” urbana se llama “TheWiseCity.org”, la ciudad sabia. Una expresión retomada por Hong Kong, que la volvió su término de referencia.

También en Nueva York, Chris Anderson organizó una conferencia fabulosa intitulada TEDCity 2.0 a la que asistí en septiembre pasado. Pero se guardó bien –incluso cuando lo interrogué sobre el asunto directamente– de pronunciar el término “ciudad inteligente”, que no fue utilizado ni una sola vez a lo largo del día.

Más cerca de nosotros, en Europa, la New Cities Foundation, con base en Ginebra pero cuya sede está en París “emplea el término con enorme cautela”, me confió Cristian Santibañez, quien se desempeña en el área de investigación (Urban (co)LAB) y comunicación.

En Hyderabad el emprendedor Srini Raju, quien se ha embarcado en la creación de una ciudad nueva –a la que pronto me referiré–, me explicó: “El concepto de ciudad inteligente fue lanzado por gente como yo que intenta vender las tecnologías la información y la comunicación. Pero los servicios para los ciudadanos son mucho más importantes.”

En México, Gabriela Gómez Mont, Directora del Laboratorio para la ciudad, considera llanamente que es necesario “poner en jaque el término de smart city. Debemos utilizar la tecnología sin ceder a la oferta de implementación masiva de infraestructuras. Sobre todo tratándose de una ciudad como la nuestra, donde primero se impone promover el diálogo”.

“¿De qué inteligencia debe dar prueba una cama antes de que uno tenga miedo de dormirse en la noche?”, preguntó un día el artista e innovador Rich Gold. Lo mismo que argumenta Carlo Ratti –del Massachussetts Institute of Technology– aduciendo que es la cantidad de datos captados por los sensoresla que debería ser causa de insomnio.

Afortunadamente Peter Madden, especialista en innovación urbana y jefe de la organización británica Future Cities Catapult, expuso bien el problema durante el Smart Cities World Congress, celebrado en Barcelona en diciembre pasado y del que ya di cuenta (en francés). Rehusándose a ver su “vida gobernada por algoritmos” apeló a “una tensión entre inteligencia y participación”.

Y es ahí exactamente donde yo me sitúo. En esa tensión que descubro a todo lo largo de la historia de la informática personal. Estuvo presente desde la primera época en Menlo Park, en la rivalidad entre los ingenieros del Stanford Research Institute que soñaban con resolver todo gracias a los ordenadores y los hippies de Stewart Brand y Doug Engelbaert que pensaban en términos deinteligencia aumentada. Se trataba entonces, en gran medida, de debates entre ingenieros, pero la evolución de las TIC ha comprobado que cuando nos las apropiamos siempre es para participar.

La comunicación horizontal es igualmente intrínseca a la transformación digital que conocemos, como lo son los algoritmos. Y es ella la que nos atrae, la que nos motiva. Lo hemos experimentado con los emails, luego con los chats, y ahora con las continuas actualizaciones de nuestro perfil en las redes sociales y el recurso masivo de aplicaciones de mensajería instantánea. Quizá deberíamos hablar de una participación aumentada.

Sin embargo, nada impide que las ciudades se beneficien asimismo, como lo hace Alain Renk, por ejemplo, con su aplicación “Ciudades sin límites”, que sirve para que uno imagine, en una tableta, la ciudad de sus sueños. Renk es también el co-fundador de UFO, una startup con un pie en Montreuil y otro en Santa Bárbara, California, y cuyo lema es “We love data, We love cities, We love people”. Lo cual tiende a demostrar que tales polos no son contradictorios, y uno puede esforzarse para sacar de cada uno el mayor provecho.

¿Y si ésa fuera una forma inteligente de plantear la cuestión de las ciudades?