Antoni Gutiérrez-Rubí

Uno de los riesgos de la política convencional es ver el mundo con las viejas ideas subsidiarias de una manera de entender la geografía y la geometría de los conceptos. EnglishPortuguês


Este artículo es un extracto de un artículo original publicado en el eBook El ecosistema de la Democracia Abierta y se puede encontrar aquí.

Pese a que los mapas son un recurso útil en términos de poder y toma de decisiones, estamos viviendo en medio de una época de transformaciones y redefiniciones de aquello que siempre hemos llamado ‘territorio’, ya que normalmente se relaciona al concepto de espacio delimitado, definido por límites administrativos, pero hoy su concepción va mucho más allá de las geografías tradicionales.

Sin embargo, estas características históricas de los mapas se convierten en aspectos que limitan la innovación, ya que generan barreras mentales y, muchas veces, imaginarias.

Fronteras que, aunque probablemente ya no existan, nuestros sentidos insisten en observar, debido a una programación anterior que nos dice que debemos hacer caso a aquello que está en el papel.

No obstante, gracias a la llegada del Big Data y la posibilidad de analizar los datos, se han abierto un sin fin de posibilidades que permiten ampliar la capacidad de generar ópticas que nos brindan la posibilidad de leer los intereses de la ciudadanía, por medio de la interpretación y valoración de sus acciones.

Así, vemos claramente cómo las transformaciones digitales nos llevan a cambiar la óptica de las cosas, llevándonos a pensar en nuevas maneras de gobernar, redefiniendo los espacios, los límites administrativos, las formas de relacionarnos y las estrategias de comunicación y participación de cara a la ciudadanía.

Es momento de utilizar las herramientas que nos brinda la tecnología a favor del desarrollo de nuestras ciudades, entendiendo las nuevas realidades urbanas y su complejidad, adaptando los instrumentos que tenemos a las nuevas formas de participación y de interacción de la sociedad.

En conclusión, es de vital importancia olvidar las lindes mentales que los mapas nos han puesto para poder comprender las nuevas geografías y geometrías que demandan las ciudades, enfocándose en las nuevas formas de interacción que los datos nos permiten visualizar y comprender.

Publicado en Democracia Abierta (17.04.2018)