La agroecología, a diferencia de la producción ecológica, atiende a los aspectos sociales, políticos y ambientales en toda la trazabilidad de los alimentos

El modelo tecnológico en el cual las iniciativas vinculadas a la transformación social desarrollan las plataformas que les permiten operar a través de la Red no es una cuestión menor y más cuando estos proyectos se presentan como un instrumento para la colaboración y la democratización del intercambio entre iguales. Las plataformas corporativas y las cooperativas se configuran como polos opuestos —las primeras acostumbran a configurarse en torno a código y contenidos cerrados, mientras que en las segundas ambos son abiertos— aunque, al mismo tiempo, surgen propuestas que se sitúan en espacios intermedios.

En este marco, el análisis de los aspectos que configuran una iniciativa deben contemplarse holísticamente. Desde el impacto social, económico y medioambiental de su actividad, la propiedad de contenidos y código, a la gobernanza de la plataforma, entre otras cuestiones. Con ello, como personas consumidoras de tecnología —no hay que olvidarse nunca de ello al operar en la Red— podremos ser conscientes y críticas con nuestras decisiones.

La Economía Social y Solidaria (ESS) en Catalunya, a través del Pam a Pam, ha configurado una herramienta que permite valorar el grado de cumplimiento que una iniciativa tiene respecto a la ESS. El mapeo que ofrece esta aplicación facilita un consumo crítico. En este mismo sentido, se sitúa la plataforma Vientos, ya analizada también en esta sección.

Si nos adentramos en una actividad económica concreta, advertimos de una forma más evidente la relevancia de estos aspectos. Este es el caso del consumo de productos ecológicos.

El interés por la producción ecológica no ha dejado de crecer en los últimos años. Esta tendencia de mercado ha sido rápidamente incorporada por la cadena agroalimentaria. Difícilmente, encontraremos un supermercado o una gran superficie que no incorpore la producción ecológica en su oferta. De todas formas, más allá de la producción —centrada en ofrecer productos más sanos y saludables—, la cadena funciona con las mismas reglas del mercado capitalista. Es decir, generando una capa invisible entre la producción y el consumo final. En definitiva pues, aunque con algunos matices —a menudo más próximos a una voluntad de márqueting— la industria agroalimentaria genera una barrera entre la persona que produce un alimento y aquella que lo consume. Con ello, perdemos la trazabilidad del alimento y el impacto social, económico y ambiental de su producción, elaboración, distribución y comercialización.

Por este motivo, en los últimos años y sacando provecho de la tecnología, han surgido alternativas de consumo basadas en la economía colaborativa. La Colmena que dice sí es la plataforma con un mayor nivel de implantación en el ámbito del consumo alimentario. Gracias a la tecnología, grupos de personas —organizadas por una promotora— se articulan para comprar colectivamente a una productora. A simple vista, la propuesta facilita un consumo de proximidad y con un grado de desintermediación importante. De todas formas, en un análisis más profundo observamos que, aunque su aportación de valor a la construcción de alternativas de consumo debe ser considerada, dista de lo que deberíamos considerar una plataforma cooperativa.

En este contexto, complejo, situamos a Katuma. Esta es una iniciativa surgida en el marco de los propios grupos de consumo agroecológico para ofrecer una herramienta que facilita la escalabilidad del consumo cooperativo y de la agroecología. Antes de proseguir con Katuma debemos puntualizar que la agroecología, a diferencia de la producción ecológica, atiende a los aspectos sociales, políticos y ambientales en toda la trazabilidad de los alimentos. Este es un aspecto fundamental porque crea un puente entre la agroecología y el consumo cooperativo basado en valores sociales y políticos compartidos.

La voluntad del proyecto es ofrecer un instrumento tecnológico en el cual las propias personas que configuran el ecosistema (productoras, cooperativas de segundo grado que actúan de intermediarias y las propias consumidoras) puedan ser propietarias de la plataforma, que se gestiona a través de un modelo transparente y democrático. Además, la iniciativa forma parte de la Open Food Network, una plataforma tecnológica que a través del código abierto facilita una herramienta cooperativa y sin ánimo de lucro.

Katuma estará presente en la Fira d’Economia Solidària de Cataunya (FESC 2017) que se celebra en la antigua fábrica Fabra i Coats de Sant Andreu, Barcelona, del 20 al 22 de octubre.

Por otro lado, la plataforma forma parte de la categoría Economía Social y Colaborativa, en la ‘appteca’ de apps4citizens, una plataforma que tiene por objetivo promover el uso de las aplicaciones como un instrumento tecnológico al servicio de la ciudadanía, que funciona a través del compromiso social colectivo. Si quieres conocer más sobre el proyecto, entra en la web de apps4citizens y sigue nuestras cuentas de Twitter y Facebook.

Publicado en: El Periódico, ‘Apps’ para el ciudadano comprometido, por Ricard Espelt (20.10.2017)