Ricard Espelt y Mónica Garriga

Las plataformas digitales son un instrumento para democratizar la participación porque superan las tiranías de espacio y tiempo tradicionales. Pero la mejora de la participación democrática tiene niveles de cumplimiento variados. EnglishPortuguês


Este artículo es un extracto de un artículo original publicado en el eBook El ecosistema de la Democracia Abierta y se puede encontrar aquí.

Las plataformas digitales están generando un impacto generalizado en la sociedad sin importar si se habla de producción o consumo, de partidos políticos o de movimientos sociales, de Administraciones Públicas, sindicatos, universidades o medios de comunicación, ya que sus caracterizaciones transversales e intergeneracionales provocan un efecto que extiende su impacto prácticamente de manera desmedida.

En este sentido, las plataformas online también llegaron a transformar el cooperativismo y el procomún digital, ya que el ADN de este tipo de iniciativas son el código abierto, la innovación y la sociedad de los bienes comunes.

De esta manera, se destacan ejemplos como el de Fairmondo, un mercado virtual similar a Amazon, de origen alemán, que es una cooperativa digital propiedad de los mismos usuarios que, además, son sus accionistas.

Así mismo, se menciona ‘La Teixidora’, una plataforma digital democrática que organiza de forma colaborativa el conocimiento distribuido, generado en diferentes espacios en formato de conferencias, encuentros, talleres, entre otros, relacionados con tecnopolítica y procomún.

Esto permite evidenciar cómo este tipo de iniciativas, que nacen de la sociedad civil, dan apertura a un sinnúmero de posibilidades que, desde la dimensión tecnológica, están generando nuevos conceptos clave que nos permiten entender el proceso actual de evolución, transformación y crecimiento de las sociedades.

No obstante, aún se está estudiando cuál es el impacto real de una plataforma digital en lo económico y en lo social, así como la relación entre usuarios y propietarios; mientras se determina también quién debe gobernar los datos que generan las plataformas y los fines para los cuales éstos pueden ser —o no— utilizados.

De esta forma, vemos cómo se redefinen y se redimensionan las relaciones de poder en la era de la Sociedad en Red, en la que la dimensión tecnológica se convierte en un factor inevitable e imprescindible, especialmente cuando se habla de democracia.

Publicado en Democracia Abierta (18.04.2018)